Entrevista a Sara Echart Lamarca tras la defensa de su trabajo de fin de máster titulado El Urumea: cómo contribuir a recuperar la memoria de un entorno natural injustamente olvidado.
Febrero de 2026
¿Qué estudios te trajeron al Máster, cuál fue tu principal motivación?
Vengo de los Estudios de Comunicación y me dedico a la comunicación en la Universidad de Deusto. Siempre me han atraído las Humanidades y la Filosofía, y al no proceder de este campo, una aproximación a los mismos con un interés práctico me pareció lo más adecuado.
A esa motivación general se añade una de carácter más personal. Uno de mis bisabuelos, expósito, fue adoptado por una familia que vivía en un baserri junto al río. Fue al indagar sobre su vida cuando me surgió el interés por la degradación de las formas naturales de existencia que iban desapareciendo con el desarrollo urbano e industrial de sus orillas.
Es así cómo pude acotar el tema de estudio, en principio bastante general, al caso concreto del Urumea.
¿Cómo encaja tu tema en la Filosofía Práctica?
El trabajo se sitúa entre la Antropología y la Filosofía y encaja claramente en el ámbito de la Filosofía Práctica porque supone una reflexión sobre cómo vivimos, interpretamos y cuidamos nuestro entorno. El caso del río Urumea permite plantear cuestiones éticas y políticas relacionadas con la memoria colectiva, la relación entre la ciudad y la naturaleza o la responsabilidad ciudadana en la conservación del entorno.
En este sentido, estudiar la transformación del Urumea desde servir como eje comercial y fuente de vida, y verse convertido en canal de vertidos tóxicos industriales hasta su recuperación actual, permite cuestionar los valores que han guiado al desarrollo urbano, el cual ha propiciado procesos causantes de la desaparición de formas de vida ligadas al río como lo fueron los caseríos de ribera.
¿Cómo “conociste” a Ivan Illich?
Fue una aportación de Lidia Montesinos que ha sido crucial para mi interpretación etnográfica del Trabajo. La traslación conceptual de morada a vivienda es básica en la óptica con la que me enfrenté al problema. Esa regresión en la relación de la gente con su morada en la que habitaba y desarrollaba su quehacer, hacia otra puramente instrumental y frecuentemente especuladora, es formulada críticamente por Illich.
¿Crees que a los agentes implicados les ha sido útil participar en el TFM?
Creo que sí, eso espero. Algunas personas y asociaciones llevan décadas trabajando por el río, y tener la oportunidad de compartir su experiencia contribuye a visibilizar ese esfuerzo y a conectar iniciativas que a veces permanecen dispersas. He podido hablar con varias personas que han luchado toda su vida por el río.
También he encontrado información muy interesante en documentales como Urak dakarrena (Juanmi Gutiérrez). En este, se le da voz a una familia de Martutene, expropiada de su caserío para construir el nuevo barrio de Txomin Enea, donde, lamentablemente, uno de los miembros con síndrome de down fallece de pura tristeza al no acostumbrarse a vivir en otro lugar.
Llevaré una copia del trabajo a la biblioteca del barrio de Loyola, por si les puede servir de utilidad para reconstruir la memoria colectiva del Urumea. Yo he tenido la oportunidad de leer y leer, y quiero contribuir a ese acervo de conocimiento etnográfico. Aunque el trabajo es académico, espero que también pueda servir como pequeño archivo de estas experiencias y como punto de partida para futuras colaboraciones o proyectos en torno al río.
¿Qué futuras líneas de investigación recomendarías?
Una posible línea sería profundizar en las memorias invisibilizadas del río, por ejemplo, investigando con más detalles los antiguos modos de vida ligados a sus riberas. También podría explorarse cómo integrar estas memorias en proyectos educativos o culturales que acerquen el río a la ciudadanía. Las personas que han estado defendiéndolo todos estos años organizan visitas guiadas a pie y en barca. La experiencia es una auténtica maravilla.
¿Qué es con lo que más has disfrutado en la elaboración del TFG?
Probablemente lo más enriquecedor ha sido el contacto con las personas que tienen una relación directa con el Urumea. Y que la han tenido durante tantos años. Escuchar sus historias, sus recuerdos y su preocupación por el río me ha permitido comprender que este espacio no es solo un elemento geográfico, sino también, un lugar cargado de significados y experiencias. En ese camino, la investigación ha sido también una forma de mirar la ciudad con otros ojos.
Xabier Beloki y Neus Crous-Costa

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